Una breve historia del colecho: por qué dormir separados es un invento reciente
Desde las antiguas prácticas de los cazadores-recolectores hasta el dormitorio victoriano, cómo las normas culturales, y no la ciencia, dieron forma a dónde duermen nuestros bebés
Dra. Emma Lindqvist
2026-03-10 · 2026-03-19
Introducción: la norma biológica
Para la gran mayoría de las culturas a lo largo de la historia de la humanidad, la pregunta "¿Dónde debe dormir el bebé?" habría parecido absurda. El bebé, por supuesto, duerme con la madre. El sueño solitario infantil es una construcción cultural occidental muy reciente, que surgió en los últimos 200-300 años.
El antropólogo John Whiting descubrió que de 186 culturas estudiadas, el 67 % practicaba alguna forma de colecho madre-hijo. En muchas partes del mundo, especialmente en Asia, África y América Latina, el colecho sigue siendo la norma incuestionable.
Este artículo rastrea la historia de cómo las sociedades occidentales pasaron de esta norma biológica a la práctica del sueño solitario, y cómo la ciencia ahora está comenzando a cerrar el círculo.
El pasado de los cazadores-recolectores: seguridad en la proximidad
Durante milenios, los humanos vivieron como cazadores-recolectores en pequeños grupos muy unidos. En este contexto, separar a un bebé de su madre por la noche habría sido impensable y peligroso. La proximidad materna ofrecía calor, protección contra los depredadores y un fácil acceso a la lactancia nocturna.
El trabajo del Dr. James McKenna en la Universidad de Notre Dame ha demostrado que esta proximidad crea un sistema fisiológico sincronizado, que él llama "breastsleeping". La respiración de la madre, el calor corporal y los movimientos sutiles estimulan al bebé, ayudando a regular sus propios sistemas inmaduros y protegiéndolo de los peligros del sueño profundo e ininterrumpido.
La Europa preindustrial: la cama comunal
Incluso después de la revolución agrícola, el sueño solitario era una rareza. En la Europa medieval y preindustrial, la mayoría de las familias vivían en casas de una sola habitación. La cama familiar no era solo para los padres y el bebé; a menudo incluía a varios niños, otros parientes o incluso huéspedes.
La privacidad era un lujo que pocos podían permitirse. La cama era el centro de la vida familiar: un lugar para nacer, morir, socializar y dormir. La idea de una habitación separada para un niño, y mucho menos una cuna, habría sido económicamente imposible y socialmente extraña.
El punto de inflexión: la era victoriana y el auge del individualismo
La marea comenzó a cambiar en los siglos XVIII y XIX, particularmente en Gran Bretaña y América del Norte. Varios factores convergieron:
- Riqueza creciente: La Revolución Industrial creó una nueva clase media que podía permitirse casas más grandes con varias habitaciones.
- Ideales de individualismo: La Ilustración promovió ideas de autonomía e independencia, que se extendieron a las teorías de la crianza de los hijos. Se pensaba que dormir solo fomentaba la autosuficiencia.
- Medicalización del parto y la crianza: Los médicos (en su mayoría hombres) comenzaron a suplantar la sabiduría tradicional de las parteras y las mujeres. Promovieron horarios de alimentación rígidos y advirtieron sobre los peligros de "asfixiar" a los bebés en la cama de los padres (un riesgo a menudo exagerado).
- Moralidad victoriana: Los victorianos estaban obsesionados con la pureza y la prevención de la autocomplacencia (masturbación). Los expertos en crianza de los hijos como el Dr. Luther Emmett Holt advirtieron que compartir la cama era sobreestimulante y perjudicial para el carácter moral de un niño.
En este contexto, la cuna, colocada en una guardería separada, se convirtió en un símbolo de estatus de la clase media y una insignia de la crianza "moderna" e "ilustrada".
El siglo XX: Freud, el conductismo y la cuna
El siglo XX consolidó el sueño solitario en la psique occidental. El psicoanálisis freudiano advirtió sobre los peligros edípicos de que un niño durmiera con un padre del sexo opuesto. Aún más influyente fue el conductismo, popularizado por John B. Watson y más tarde por el Dr. Benjamin Spock.
El conductismo veía a los bebés como pizarras en blanco que debían ser entrenadas. Responder a los llantos nocturnos de un bebé se consideraba "reforzar" el mal comportamiento. El entrenamiento del sueño, o dejar que un bebé "llore hasta dormirse", se convirtió en la práctica recomendada. La cuna era la herramienta esencial para este entrenamiento, aislando al niño y evitando que los padres "cedieran".
Dra. Emma Lindqvist, Editora de Ciencias del Sueño:
"Cuando miras la historia global, la práctica occidental de hacer que los bebés duerman solos es la verdadera anomalía. Es un experimento social a gran escala que tiene solo unos pocos cientos de años. La biología del bebé no ha cambiado, pero nuestras prácticas culturales sí. Gran parte del debate actual sobre el colecho es en realidad un choque entre esta reciente norma cultural y nuestra antigua biología. La ciencia está comenzando a mostrar que la biología a menudo sabe más."
Cerrando el círculo: la ciencia moderna se encuentra con la sabiduría antigua
Hoy, estamos viendo un resurgimiento del interés en el colecho, impulsado por varios factores:
- La ciencia del apego: La investigación sobre la teoría del apego ha enfatizado la importancia de la capacidad de respuesta y el contacto para el desarrollo infantil.
- Investigación sobre la lactancia materna: La evidencia es inequívoca de que el colecho apoya la lactancia materna, lo que lleva a duraciones más largas y mejores resultados de salud.
- Antropología del sueño: El trabajo de académicos como James McKenna ha recontextualizado el colecho como la norma biológica, no como una desviación arriesgada.
- Perspectivas globales: A medida que nuestras sociedades se vuelven más multiculturales, las prácticas de colecho de las culturas no occidentales se están volviendo más visibles y aceptadas.
La historia del colecho muestra que nuestras prácticas de sueño están profundamente influenciadas por las normas culturales. La cuna en la guardería separada no es un mandato científico, sino una reliquia de un período histórico particular con sus propias ansiedades y aspiraciones. A medida que la ciencia continúa revelando los beneficios del contacto y la proximidad, muchas familias occidentales están redescubriendo la sabiduría de dormir juntas.
Referencias y Fuentes
- [1]Whiting, J.W.M. (1981). A Cross-Cultural Perspective on Sleep. In Sleep and Dreaming.
- [2]McKenna, J.J. & Gettler, L.T. (2016). There is no such thing as infant sleep, there is no such thing as breastfeeding, there is only breastsleeping. Acta Paediatrica.
- [3]Hardy, S. (2009). The Epidemic of SIDS in the 19th Century. Journal of Social History.
- [4]Spock, B. (1946). The Common Sense Book of Baby and Child Care. Duell, Sloan and Pearce.
Divulgación
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Dra. Emma Lindqvist
Editora de Ciencias del Sueño — Doctorado en Psicología del Desarrollo, Universidad de Uppsala
La Dra. Emma Lindqvist es una investigadora de la ciencia del sueño y periodista de crianza con sede en Estocolmo. Con más de una década de investigación sobre los patrones de sueño infantil y el bienestar familiar en la Universidad de Uppsala, aporta una perspectiva escandinava única a la conversación global sobre cómo duermen las familias. Su trabajo ha sido publicado en The Lancet Child & Adolescent Health, Pediatrics y el Journal of Sleep Research.
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